Límites, connotación de la palabra

La palabra límite está cargada emocionalmente, y con frecuencia se asocia con autoritarismo, castigo o coerción. Sin embargo, dista mucho de ser lo mismo.

Disciplina significa enseñar al niño a lograr el control sobre sí mismo a través de la incorporación de valores y reglas en su vida, para poder así interactuar responsablemente con otros de modo que sea mutuamente satisfactorio y predecible.

La disciplina tiene como objetivo que cada niño, a medida que crece, aprenda a desplegar una conducta que sea satisfactoria para sí mismo y en su relación con los demás, mientras que en el autoritarismo y el castigo se apunta a que el niño acepte una dirección impuesta desde afuera.

Una pregunta que los padres se hacen frecuentemente es “cómo puedo lograr que mi hijo sea un niño independiente e imponer disciplina al mismo tiempo”.

Los factores principales para que un niño se desarrolle sano emocionalmente son básicamente dos: un niño debe saber que es amado y debe conocer las reglas del juego.

La disciplina juega un rol importante en ambas áreas; el amor es algo que asiduamente es tomado como un hecho. Ante la pregunta, un padre responde: “Por supuesto, amo a mi hijo”. Sin embargo no es suficiente.

Actitudes

No debemos esperar que nuestra actitud de amor sea simplemente conocida por el niño. Los niños necesitan sentir que el amor parental es demostrado y, cuanto más, mejor. Por supuesto: la demostración debe ser apropiada a su edad evolutiva. En esta tarea, un factor muy relevante es pasar tiempo con nuestros hijos. Si bien la cantidad es importante, la calidad también lo es.

Si nuestro tiempo no está del todo disponible, sería muy positivo dedicarles poco, pero de buena calidad.

Esto significa que en esos momentos dediquemos por completo nuestros sentidos a lo que el niño quiere compartir con nosotros (juegos, charlas, demostraciones, etc.). En el trato diario con nuestros hijos, otra forma de demostrarles amor es ir más allá del simple “hoy te portaste bien” e indicarles cuáles han sido aquellas cosas en las que estuvo bien. Por ejemplo: “Qué bien la forma en que hoy jugaste y compartiste los juguetes con Francisco”, o “Tu habitación quedó muy ordenada, te felicito”. Esto los ayuda a elevar su autoestima.

A medida que el niño crece, otras demostraciones de amor parental deberían sumarse: darles responsabilidades.

Dándole responsabilidad a un niño, se le muestra que es competente ante los ojos de sus padres. Es fundamental que la responsabilidad otorgada sea adecuada a la edad del niño. Un niño de cinco años es perfectamente capaz de tender la mesa o decidir si se pone la remera roja o la azul.

El mismo niño no es capaz de decidir qué constituye una dieta balanceada o si su familia debería o no viajar a visitar a su abuela.

Responsabilidades

Darle al niño responsabilidades a su medida ayuda a desarrollar un sentido de competencia y de buen desenvolvimiento, pero darle a un niño responsabilidades que corresponden a adultos lo conduce a un sentimiento de inseguridad y a conductas inapropiadas.

Los niños necesitan saber que el mundo es un lugar ordenado con un cierto grado de predictibilidad. Ellos dependen de sus padres para ver este orden.

Cuando los padres no cumplen con su rol, su visión del mundo se transforma en caótica y pueden adaptarse mal.

Otra forma de demostrarles amor es demostrar respeto por sus ideas. Es fundamental rescatar un tiempo para la conversación familiar donde el niño pueda expresar sus pensamientos, sentimientos y opiniones y sentirse valorados por ellos.

La cena es un lugar que tradicionalmente se ha establecido para estas conversaciones, porque todos los miembros de la familia están presentes y es una atmósfera propicia para la charla.

Lamentablemente, la cena como lugar de encuentro se ha ido perdiendo paulatinamente. Y ha sido reemplazada la conversación por la televisión. Este es un espacio familiar que sería fundamental recuperar.

Al mismo tiempo, es importante que se le enseñe al niño que no todas las conversaciones que mantienen los adultos están abiertas a sus oídos (aquellas que tienen lugar fuera de la reunión).

Las reglas de juego

Con respecto al conocimiento de las reglas del juego, una regla parental importante de disciplina incluye el aprendizaje de los límites y la estructuración de las elecciones de los niños.

Si tomamos el ejemplo previo muy común de la elección de la remera roja o azul, los padres deberían definir el rango de elección: el niño puede elegir entre estilo y color; previa selección por parte de los padres de un grupo de remeras apropiadas para la ocasión.

Algo similar ocurre con la hora de dormir. Al niño se le puede dar a elegir entre bañarse antes o después de su programa favorito, qué historia leer para dormirse, incluso puede permanecer despierto pero en cama y con las luces apagadas a una horas específica.

Los niños, por supuesto, prueban los límites, se lamentan por tener que cumplir, prueban nuestra paciencia y eso es natural.

Está en su naturaleza rebelarse, pero a pesar de sus protestas, los niños se sienten más seguros y contentos cuando sus padres tienen la autoridad final. Reforzar reglas es lo que se quiere significar cuando se habla de disciplina. La mejor manera de reforzar una regla es a través de sus consecuencias.

Una forma mucho más simple de expresar esto es la frase que utiliza Becker en su libro “Los padres son maestros”: “Tú haces lo que yo quiero que hagas antes de que puedas hacer lo que tú quieres hacer”. Esto significa: deberás recoger los juguetes antes de ver televisión; deberás hacer los deberes antes de ir de visita a la casa de tu amigo. Becker denomina a esta regla como la regla de la abuela, y además menciona otras principales donde lo que prioriza es el sentido común.

Una regla es una regla:
Si uno le pregunta a un niño de cinco años si se puede cambiar una regla de juego, el niño nos emitirá un rotundo no. Si uno se doblega ante la insistencia de su hijo, muchas cosas quedan implícitas: las reglas pueden ser rotas: “si insisto e insisto voy a conseguir lo que quiero y los padres ya no están a cargo de la situación”.

Elegir las batallas:
Cuando uno decide marcar un límite, tiene que estar seguro de que es adecuado y justo. Es apropiado decirle a un niño de cuatro años que no esté en la calle o a uno de trece que esté en casa a una hora razonable. Por otro lado, no es apropiado pedirle a un niño de cuadro años que no se ensucie, o a uno de trece que se vista al gusto de sus padres.

Lugar y tiempo para la discusión:
Es importante permitirles a los chicos un espacio para cuestionar las reglas pero las negociaciones deberían tener lugar donde y cuando prevalezca la calma y la razón. Esto significa que no se puede renegociar una regla cuando su hijo está con un pie en la puerta de calle.

Permitámosles actuar de acuerdo con su edad:
No debemos empujar a nuestros hijos a ser adultos en miniatura. Permitámosles ser lo que son: niños.

El mensaje que puedo transmitirles, primero como madre y luego como psicóloga, es que como padres deberíamos cumplir nuestro rol. Los niños necesitan amor, respeto y una base segura. La palabra disciplina no es una mala palabra; por el contrario, tiene que ver con un desarrollo psicoemocional sano, con una alta autoestima, con un buen juicio moral y con la construcción de buenos hábitos de trabajo. marcar límites y hacerlos respetar es amar a nuestros hijos.

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