Los sistemas, a imagen y semejanza del hombre

Imaginémonos en 1982. Es el 4 de mayo. En medio de la guerra por las Malvinas, el destructor inglés Sheffield surca el Atlántico. Un avión Super Etendard, de bandera argentina, dispara un misil Exocet, que poco después convierte al acorazado británico en un infierno, incluidas las computadoras responsables de controlar los sistemas de defensa. Ellas no pudieron, siquiera, dar una señal de alarma.

¿Qué ocurrió? Escuchar la explicación de Edward Yourdon, experto matemático norteamericano y creador de revolucionarias metodologías de programación, ayuda a desdibujar el mito de la computadora perfecta; al menos, nos enseña a ver que están hechas a la medida del hombre.

Errar es humano

¿Usted es de los que creen que los grandes sistemas informáticos vienen impregnados de infalibilidad? El especialista afirma que, como cualquier otro producto humano, están sujetos al error; los sigue la sombra de su amo; y ése es uno de los desafíos permanentes.

Yourdon teatraliza convirtiendo en palabras el razonamiento de las computadoras del Sheffield en aquel día aciago: “Algo viene. Es de fabricación francesa. Francia es miembro de la OTAN. Francia es amiga. El que viene es amigo. ¡Crash!”.

Más allá de la anécdota, discutible o no, cuando se le pregunta a Yourdon si la humanidad delega cada vez más decisiones en los sistemas de computación, sonríe y replica: “Sería mejor que no lo hicieran tanto”.

Es obvio que no descalifica, sino que, rezumando ironía, aboga por la excelencia. Es imposible, sin la informática, reunir y utilizar elevadísimos volúmenes de datos; pero él afirma que todavía estamos lejos de que los grandes sistemas de computación sean total y absolutamente confiables.

Claro de Luna

Por volver a los ejemplos, relata cómo un avión norteamericano, durante un vuelo experimental bajo control automático, se puso cabeza abajo en el momento de trasponer la línea del Ecuador. Un simple error; una condición faltante en sus programas.

Y sabiendo que la técnica es obra del hombre, y que éste tiene una inclinación involuntaria y bastante frecuente a equivocarse, cuesta no creerle cuando recuerda que, un día, el mismísimo Pentágono se puso al rojo vivo porque sus computadoras no supieron apreciar un romántico destello de la Luna e interpretaron que se trataba de una invasión intergaláctica.

Edward Yourdon es autor de una metodología de análisis y diseño estructurado que se conoce por su nombre, publicó numerosos libros sobre temas de informática y dirigió, hasta 1986, su propia empresa de consultoría. Entre otros trabajos en los que pudo poner a prueba su capacidad, se cuenta la dirección del diseño de software para la edición de The New York Times.

La curva del error

Su dilatada experiencia le permite proporcionar cifras y estadísticas demostrativas del sostenido avance de los analistas y programadores sobre sus propios yerros.

“Un sistema de muy baja calidad -asegura- acusaba entre 3 y 5 errores cada 100 líneas de órdenes. Después, muchos alcanzaron un promedio de 3 a 5 por cada 10.000. Eso fue grande, pero sólo señaló la nueva meta: igual número de fallas, pero cada 100.000 líneas.”

Aun así, todavía no queda satisfecha la demanda de confiabilidad; y mucho menos se conforma el espíritu perfeccionista del matemático, cuando advierte que una moderna calculadora de mano puede contener hasta 100.000 líneas de órdenes, mientras los más complejos sistemas de computación (por ejemplo el de defensa de los Estados Unidos) llegan a los cien millones.

Como el SIDA o la guerra

El ceño de Yourdon se ensombrece ante la sola mención del llamado virus electrónico (programas que se transfieren subrepticiamente y que provocan daños o pérdidas en los sistemas): “Es como el SIDA, o como la guerra”. Lo define como un conflicto potencialmente gravísimo, ya que se ha convertido, en ciertos casos, en un método de agresión que podría tornarse incontrolable. ¡Y pensar que todo se originó en un pícaro juego de ingenio!

El trabajo que le valió a Yourdon notoriedad en el ámbito de la informática fue el perfeccionamiento de los métodos aplicados al desarrollo de sistemas.

Lo que faltaba

En 1968, Edsger Dijkstra rejuveneció las técnicas con su concepto de programación estructurada. Entonces, Yourdon advirtió que algo faltaba: el análisis y el diseño previos. Según sus palabras, sin estos dos primeros pasos bien firmes, “sólo se estaban haciendo mejor muchas cosas mal pensadas”.

Hoy, la metodología Yourdon es conocida en todas las universidades donde se dictan carreras de informática y sus libros son leídos por los estudiosos de esa especialidad. El sostiene: “Cincuenta años atrás, la preponderancia de un país sobre otro estaba en el acero. En el futuro, los más importantes serán aquellos que sepan usar los computadores para concretar grandes proyectos, de buena calidad (margen mínimo de error) y con una metodología eficiente”.

Para ilustrar aún más la batalla porfiada que se libra, menciona a una empresa telefónica multinacional, cuyo objetivo inmediato es reducir las fallas de sus sistemas a una por cada millón de líneas de órdenes. Y se darían por bien servidos.

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