Más allá de un interés particular

Vivimos en una época en la que abundan los diseminadores de noticias y opiniones y escasean: el conocimiento, la integridad y los buenos expositores del acontecer diario. El periodismo, en muchos países, atraviesa una crisis de confianza. Los culpables de esta situación son las empresas de prensa y por encima de todo, el público que no protesta por lo que sucede.

Por eso me voy a referir a la libertad de expresión y a las presiones de los intereses afectados, tomando como referencia un caso muy conocido por todos nosotros, el de María Soledad Morales.

1. La razón dualista

La memoria del pueblo ha entrado en una especie de olvido del sentido mismo de las cosas, puesto que la vida social y el trabajo, lo han alejado de los procesos de producción de las distintas manifestaciones culturales, generándose así una borradura de la memoria que convoca. Por ejemplo la TV, como una manifestación cultural, nace con una gran cantidad de programas de ficción. Lo dramático ocupaba la mayoría de la pantalla televisiva y otro tanto la información que estaba bien diferenciada en su segmento. Hoy la industria cultural, y la misma sociedad también, han llevado a la TV un juicio con transmisión en vivo y en directo, que ha mantenido a todo un país atento a las distintas instancias del mismo. El caso María Soledad no pasó desapercibido, no fue uno más… ¿o sí?

De esta manera asistimos cotidianamente a emisiones que confunden al telespectador, puesto que entre la ficción y la realidad hay cada vez menos distancia. Continuamente se mezclan y entrecruzan. Los noticieros, si no tienen imágenes, realizan cortos de ficción para relatar y mostrar lo que sucedió en determinado lugar.

Todos los días hablamos y opinamos en función de lo que vemos y escuchamos a través de los medios. Hasta el más indiferente se entera de las informaciones más “importantes” del día.

Nosotros nunca fuimos participes del caso Maria Soledad Morales, es decir no estuvimos en Catamarca, no éramos vecinos de la familia, no la conocimos; no conocíamos a los gobernantes y por lo tanto no podíamos dar opinión alguna sobre este caso en particular. Sin embargo, nada de esto ocurrió, “conocimos” el caso, a la familia de la víctima, a los gobernantes y opinábamos constantemente en todo momento y lugar.

Esto es lo que sucede a diario con los medios, “arrancan” las cosas del lugar de origen, las pasan por el tamiz mediático y se la lanzan a las fieras hambrientas de información y necesidad por comunicarse. ¿De qué? De lo que le pasa a uno u a otro, y… ¿Para qué? Una vez que nos enteramos, ¿nos sirve como experiencia, para no cometer el mismo error o tener cuidado? Si fuera por eso ya seriamos perfectos y eso todavía no sucedió.

Pero hay otra cuestión importante a tener en cuenta y es que “la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer”, porque los medios parecen generadores de “verdades”¨, bueno, en realidad se transforman en “verdades” cuando existe una gran cantidad de gente que los “lee” y de esta manera les atribuye la importancia que tienen.

Los medios están legitimados por la sociedad en su conjunto, así como cuando se elige a un representante del país. De esta manera se generan dos verdades o realidades, una es la que esta allá en el origen, en el seno mismo de Catamarca, los del entorno directo del caso Maria Soledad, la original, la primitiva, más real o verdadera; y la otra es la que a través de los medios se crea, por distintos tipos de intereses y tiene tanta fuerza, que en pocos minutos puede llegar a todo un país, continente o mundo.

2. De pueblo a masa

A partir de los ´60 la cultura popular urbana es cercada por la industria cultural que deja menos espacio fuera de su influencia y genera modelos que se insertan en el mercado internacional. En el centro de esta nueva dinámica se encuentra la TV que oficia de gran interlocutor.

El caso Maria Soledad Morales pasa a ser uno más, porque en la TV todas las cosas que pasen por ella entran en una especie de producto terminado, inmortaliza los hechos de la vida. Pero además los hace trascender en una especie de ideario o imaginario social, que se conforma por el pensamiento de la sociedad en su conjunto, algo que involucra a todos pero a su vez no es nadie en particular. Esto se ve cuando decimos, y no aclaramos, “el caso Maria Soledad Morales” todos lo conocemos, todos sabemos lo que sucedió, paso a paso, y todos sabemos como terminó. Todos consumimos este resonante caso y como sucede con la leche surgen también sus derivados: chistes, muletillas, graffitis, malos y buenos, ídolos, etc.
Por un tiempo el lenguaje urbano esta plagado de estas “nuevas formas de comunicarse unos con otros”, hasta que otro suceso lo desplace y ocupe la escena principal. “El show debe continuar”, es una de las frases que inmortalizó Freddy Mercury, justamente antes de morir. Y parafraseando a Freddy, los medios dirían: – La producción debe continuar.

3. Prohibido pensar

De esa mezcla entre denuncia y comunicacionismo resultó una esquizofrenia, que se tradujo en una concepción instrumentalista de los medios de comunicación privándolos de espesor cultural y transformándolos en meras herramientas de acción ideológica.

Cuanto más espantoso y cruel sea el caso y más gente de altos estratos sociales este implicada (Ej. Maria Soledad) como jueces, políticos, funcionarios públicos, policía, médicos, abogados, etc., personas que están más cerca del poder (y los medios), entonces existirán mayores versiones, rumores, desconcierto, ambigüedad, exceso de información. Producto esto de lo ideológico, es decir de las distintas conveniencias o connivencias de los medios con alguna de las personas que se encuentra implicada en el caso.

En la ideología social se generará incertidumbre, desconcierto, opiniones diversificadas, confusión. Lo que muestra que comunicar no siempre es informar, y eso los medios lo saben muy bien, es a veces desinformar. Como en el ideario social los medios están legitimados, el que no ve un canal mira el otro y lo mismo sucede con la radio y el diario, pero siempre se esta conectado, entonces mi verdad o lo que puedo opinar proviene de ese, mi medio, el que yo leo, veo o escucho y así soy parte de la “desinformación”.

Que el caso de Maria Soledad haya llegado a su fin, ¿permitió al público, al país todo, reflexionar sobre esto? Sólo fue uno más, de los que pasaron, -y hay muchos- y de los que a lo mejor pasarán. Los medios lo único que hacen es llenar el hueco comunicativo con “lo ideológico” de esta manera no nos permiten pensar, nos limitan, pues no nos muestran todos los hechos sino algunos, los que le conviene. Un ejemplo claro sobre esto es que la denuncia política que se hace a través de los medios no logró superar casi nunca la generalidad de la “recuperación por el sistema”, “la manipulación”, etc.

La fragmentación que han hecho los medios con el caso Maria Soledad, controló en todo momento el tipo de preguntas formulables y así se delimitó el universo de lo investigable y los modos de acceder a los problemas. A cada momento gozábamos de investigadores, profesionales en la materia, que nos mostraban y nos comentaban los distintos sucesos, y así la invitación a pensar venia de algunas pocas personas que ya lo habían hecho antes por nosotros. Esto se revirtió totalmente cuando, en la transmisión en vivo y directo del juicio, prácticamente no se necesitaba cronista alguno. “Los hechos hablaban por si solos”, hasta que dijeron una mala palabra y mostraron como uno de los jueces del tribunal le hacía una seña a otro para que vote por determinada postura.

El pueblo fue testigo presencial e inobjetable de lo sucedido. Acá se vio a la TV funcionando a pleno, es decir mostrando todo, no fraccionado y permitiendo que la gente elabore su idea al respecto. Como consecuencia de lo sucedido, se decidió cambiar al tribunal de juzgamiento y prohibir el ingreso de los medios al recinto. Algo que para nosotros parece inexplicable y nos separa aún más de la creencia o confianza en la justicia.

4. Cultura y política: dos caras de una misma moneda

La política suprime la cultura como campo de interés, desde el momento en que acepta una visión instrumental del poder. Habría que redefinir el sentido de la cultura y el de la política planteándose para esto dos problemáticas, una es la cuantitativa (los enormes intereses económicos que mueven las empresas de comunicación) y la otra la cualitativa (en la redefinición de la cultura es clave la comprensión de su naturaleza comunicativa).

Hay que reflexionar sobre la esencia de la cultura y lo que representa la comunicación para la esta. En la cultura está la identidad, la hegemonía de un pueblo. El caso Maria Soledad se presta para analizar esto porque en esas idas y venidas de los medios se alcanzaba a percibir que todo estaba mal, muy mal. Poder político, médicos, policía y jueces salpicados por este caso brutal, que impacto a la comunidad. Los medios tampoco se quedaron afuera, fueron participes de lujo y se enquistaron en el caso como si hubiesen tenido algo que ver. Pasaron a ocupar el lugar de la justicia, aportar pruebas, cuestionar, indagar… en fin, lo importante era participar sino se quedaban a fuera. Y eso para los medios representaba mucho dinero, puesto que este caso plantaba a la gente delante del televisor.

Deberíamos reflexionar (emisores y receptores) sobre el lugar que ocupamos como receptores de la información mediatizada, y ver que el receptor no es un mero decodificador de lo que pone en el mensaje el emisor sino que también lo produce. Sólo de esta manera podrá existir un cambio radical en la visión de los medios y la gente que los ve, tendiente a mostrar que el medio no es un generador de cultura e ideología sino un instrumento cultural que esta al servicio de toda la sociedad.

5. La cotidianidad familiar

La televisión reúne a la familia como unidad básica de audiencia, esto es porque representa para la mayoría la situación primordial de reconocimiento. Al mismo tiempo el ámbito familiar es uno de los pocos lugares donde los individuos encuentran posibilidad de manifestar sus ansias y frustraciones. Por esto la TV es el medio más notorio en cuestiones de masividad, su presencia se ve rápidamente en la vida diaria.

La repercusión que tuvo el caso de Maria Soledad fue instantánea, imaginemos para “la familia” lo que es recibir la noticia de la muerte de un hijo adolescente que además de terminar asesinado y tirado en un descampado es implicado en cuestiones de drogas y poder.

La TV, aunque en sí todos los medios, sabe el lugar que ocupa en los hogares y a pesar de ello se presenta como un invitado que entra pateando la puerta y gritando, dice: -Bueno, bueno… a ver si se sientan, se callan y prestan atención que, yo, tengo la verdad…

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