No puede haber convivencia sin disciplina

Ahora que se ha puesto nuevamente sobre el tapete el modo en que las instituciones educativas deben encarar el comportamiento de los alumnos, conviene repasar una vez más el significado de algunos términos porque, con el tiempo, se desgastan y se contaminan a punto tal que el vocabulario termina por confundirnos.

Tras la lectura de algunos proyectos de ley sobre convivencia escolar y declaraciones relativas, es notorio que la erosión hizo presa de la palabra “disciplina”. Terminó sonando agresiva. Para muchos sugiere autoritarismo o represión violenta. Por eso se ha puesto de moda esto de la convivencia en la escuela.

Cualquier docente experimentado sabe que no puede haber escuela sin convivencia; y también sabe que no puede haber convivencia sin disciplina.

No se trata de andar cambiando vocabularios y terminologías para que las viejas ideas parezcan nuevas, o para que las nuevas malas ideas se vean aceptables.

La represión mal entendida

“Represión” es otro de los términos que, debido a muy penosos hechos de la historia todavía reciente de nuestro país, ha soportado una degradación casi inigualable en su significado. Ahora cualquier clase de represión es pésima. Así nos fue con la seguridad en las calles, por ejemplo.

Sin embargo, la primera acepción del término, según la Real Academia Española, es “contener, refrenar, templar o moderar”. Yo no creo que esté mal que el docente contenga, temple y modere.

Pero la mayoría se queda con la segunda acepción: “Contener, detener o castigar, por lo general desde el poder y con el uso de la violencia, actuaciones políticas o sociales”. Estas prácticas nos han dejado experiencias y ejemplos muy desgraciados.

Volviendo a la escuela, pongamos en claro las interpretaciones, para que la utilización de frases hechas en los discursos no nos distraiga de los verdaderos objetivos que el educador debe proponerse. Porque si la demagogia -por temor u oportunismo- se nos contagia, terminaremos malentendiendo que la convivencia en la escuela es acabar con la disciplina (que no implica por sí misma castigos predeterminados).

Indudablemente, la evolución social impone también una transformación no sólo en los métodos, estrategias y medios de la educación, sino también en los criterios y recursos que se utilizan para la disciplina.

 

La autoridad enaltecida

El concepto de autoridad no puede desaparecer frente al peligro de la intolerancia, porque entonces sobrevendría el dominio del extremo opuesto y volveríamos a reunir a la Legislatura con el fin de cambiar lo que ya habíamos cambiado. Tiempo de esterilidad aprovechable para cultivar en la escuela un diálogo que jamás debió dejar de existir, y que no ponga en riesgo la autoridad bien entendida, sino que la enaltezca.

El valor de este alegato puede resumirse en un llamado a todos los educadores a deliberar, en forma permanente y conjunta, sobre cómo perfeccionar y poner en práctica los conceptos de autoridad sin autoritarismo, de aceptación sin debilidad, de respeto sin sumisión, de educación sin mediocridades.

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